Muchos pensaron que, cuando salió la noticia que China comenzaba a realizar test anales para detectar el COVID-19 en aeropuertos y fronteras, sería un experimento, algo pasajero, que quizás en el futuro evolucionaría de otra forma. Sin embargo, parece que llegaron para quedarse. Este lunes, España se sumó a la lista de países que empezarán a hacer hisopados anales.
Estas pruebas se realizan insertando el hisopo en el ano, a unos tres o cinco centímetros de profundidad, y rotándolo suavemente por las paredes del recto. Al sacarlo, se almacena el mismo en un tubo de muestreo, que contiene una solución de conservación de virus. Todo eso es enviado a los laboratorios pertinentes para determinar si, efectivamente, continúa el SARS-COV-2 en el organismo.
En este sentido, y según expuso la bióloga Margarita Salas del Centro de Investigaciones Científicas de España, la prueba nasofaríngea, la más tradicional, en enfermos de COVID-19 que han pasado un largo periodo de hospitalización “no es tan precisa” para darles el alta, pues “han tenido el virus en su interior tanto tiempo” que “pueden quedar trozos activos de virus” en el organismo. “Una forma más segura de darle el alta sería que la PCR anal diera negativo, porque seguro que ya no quedan restos del virus en su interior”, agregó. Sin embargo, pese a que Galicia comenzó a implementar este método, no está previsto que esto se expanda a gran escala en todo España.
China confía en este método de detección
A diferencia de España, China sí tiene intenciones, más pensando en el mediano y largo plazo, de desarrollar el hisopado anal a gran escala, llevándolas a la práctica en las grandes ciudades, principales afectadas por la pandemia y las que más sufren los rebotes. Pekín y Qindao fueron las primeras en incluirlas entre los requisitos para las personas que lleguen desde el extranjero al país.

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